Reportajes

El guerrero que venció al cáncer: “Hay que lucharle a la vida”

Por Mario Guarda / 8 de diciembre de 2025 | 15:12
“Cuando desperté el médico estaba al lado y lo único que le dije fue ¿cuándo puedo volver a entrenar?". Créditos: Redes sociales.
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Jorge Guzmán, exitoso basquetbolista, entrega su testimonio honesto y necesario para entender la enorme presión física y emocional que afecta a un paciente.

“Pero ¿por qué? ¿por qué me da esto a mí? Entreno todos los días, me alimento bien, soy deportista profesional… ¿qué webá es esto?¡¡¿Qué pasa?!!”

Tratando de ordenar las ideas tras el impacto provocado al oír el frío diagnóstico, Jorge Guzmán Vargas, deportista de 32 años, profesor de Educación Física egresado de la Universidad San Sebastián, apasionado jugador de básquetbol, interrogó al médico frente a él… Quería saber desesperadamente cuál era la causa de su estado de salud.

Eran los primeros días de enero del 2025, una fecha en la que la mayoría de la gente proyecta su año en base a optimismo y buenos deseos pero Jorge, o Coke como lo llaman sus amigos y conocidos, iniciaba el ciclo con una confirmación oscura, espesa y emocionalmente asfixiante.

Sobre él ahora recaía un tabú del que poco se habla fuera del ambiente médico: el cáncer, una enfermedad cuyo nombre e implicancias; por lo general, evitamos abordar.

Con una trayectoria de éxitos en el deporte del balonmano y conocido en su rol de entrenador en el gimnasio All Training de Futrono, Jorge Guzmán parecía ser el candidato menos probable, incluso impensado, para recibir un diagnóstico de cáncer; sin embargo, nadie está libre de la posibilidad de sufrir esta enfermedad.

Jorge, en entrevista con Grupo DiarioSur, comenta que su experiencia es un llamado de atención para la población masculina joven y adulta-jóven sobre la amenaza que significa el cáncer de testículo.

Perfil de un luchador

Jorge Guzmán. Créditos: Redes sociales.

Coke no es alguien que tolera los ratos de ocio, siempre tiene que estar haciendo algo, puede descansar un rato, pero pronto debe retomar la actividad, si no es en el gimnasio o la cancha, es trabajando en el campo de su familia. 

En su rol de profesor de Educación Física y entrenador es alguien de marcado carácter, que exige a los demás así como se autoexige.

Domiciliado en el tranquilo sector rural de Loncopán, en la comuna de Futrono, Guzmán dedica la mayor parte de su vida al deporte y más aún, desarrolla su pasión por el básquetbol en una carrera ascendente, llegando hasta competencias nacionales e internacionales.

Sobre sus inicios en el ambiente del baloncesto, vuelve a sus años escolares en el internado del colegio José Manuel Balmaceda, de Futrono, en la década del 2000, época en la que la conectividad entre Loncopán y Futrono era escasa.

“Como soy del campo y estaba acostumbrado a hacer algo después de clases, en mi casa iba con mi tata Rigo a forrajear o andar en tractor. Terminaban las horas de clases en Futrono y quedaba sin hacer nada. Eso me descompensaba, así de repente escuché un ruido en el gimnasio de la Balmaceda, fui a ver y eran chicos jugando básquetbol”, comenta sobre ese primer encuentro con esta disciplina deportiva.

“Empecé a ver los entrenamientos y como siempre he sido más alto que el promedio de mis compañeros, la profesora Nancy Ulloa me dice “oye, tú eres alto ¿te gustaría venir a entrenar?”. Esa fue la chispa que terminó encendiendo el talento en la cancha.

Un poco después, estudiando en el Liceo Armando Robles, de Valdivia, se tomó este deporte en serio. “En tercero medio dije esto me encanta. Ahí nació la pasión por el básquetbol”, afirma Jorge Guzman quien, para graficar ese sólido apego emocional con el deporte, comparte el recuerdo de una decisión que tomó siendo adolescente, que lo llevó a confrontar a sus padres.

Estando en tercero medio aceptó integrarse a una escuela de verano en Valdivia para entrenar básquetbol por su liceo. Eso implicaba que ese verano no trabajaría en el campo, aunque no era una imposición sino más bien un hábito adquirido desde niño… En ese periodo, la falta de su ayuda en el hogar rural se sentiría. 

“Eso significaba salir de Loncopán, que son 10 kilómetros más o menos hasta Nontuelá, tomar un bus, ir a entrenar a Valdivia, volver a Loncopán", cuenta.

La decisión estaba tomada y no él no iba a dar pie atrás. "Hubo un problema con mi familia y dije “me da lo mismo, voy caminando”. Así que salía como a las siete de la mañana caminando desde la casa. Tomaba el bus a Valdivia, entrenaba, volvía. Regresaba a casa caminando en la tarde. Algunos días  mis papás me iban a buscar, pero hartas veces me tocó irme caminando”, rememora.

“Yo me enamoré del básquetbol”, subraya el deportista, quien llenó cada espacio de su tiempo con la práctica transformada casi en un ritual diario, un reto consigo mismo, una preparación constante para desafíos grandes.

“A veces en los veranos en Loncopán trabajaba. A las seis o siete de la mañana iba a la multicancha de la escuela de Loncopán Alto a entrenar, después iba a trabajar. Durante la de almuerzo, en la tarde o en la noche, con lluvia o frío iba a la cancha. No cambio el básquetbol por nada”, explica sobre su estructurada rutina deportiva.

Con el pasar de los años el deportista fue ganando espacios cada vez mayores en base a su talento y capacidades. Jugó en la serie Sub-17 del Club Las Ánimas de Valdivia. Luego pasó a la categoría Juvenil. Tuvo la oportunidad de participar en un Nacional donde su equipo obtuvo el tercer lugar con el equipo de la región en La Serena.

2011 y 2012 participó en los Juegos de la Araucanía representando a la Región de Los Ríos, en 2013 pasó a deportivo Las Ánimas, en 2014 en Club Deportes Valdivia, jugó en la Liga Nacional, 2018 jugó en un equipo de Paillaco y al año siguiente vuelve a Las Ánimas resultando campeón en la Liga Saesa, luego jugó por Deportivo Osorno, 2018 y 2019 en Chiloé por Deportes Castro.

Con el perfil de alguien ha construido su vida preparándose cada día para mejorar y ganar en el deporte competitivo, recibir la noticia de un diagnóstico de cáncer fue como una colisión frontal. Ese momento desconfiguró el mundo de Jorge Guzmán y dejó sin piso casi todas sus certezas.

“¿Por qué me da esto a mí?”

Un viernes a inicios de enero del 2025 Coke estaba sentado frente a un facultativo. Antes de escuchar un diagnóstico le pidió al profesional de la salud que no anduviera con rodeos, fuere lo que fuere lo que le estaba afectando quería la verdad sin omisiones.

Jorge Guzmán. Créditos: Redes sociales.

“Esto es un tumor, es cáncer al testículo”. Esa fue la verdad directa y sin vueltas. Lo sintió como un despiadado disparo a quemarropa.

“Cáncer al testículo... Yo sentí como que me levantaban de la silla. Es algo que no te esperas en ningún momento, yo nunca he estado enfermo, solo resfriados. Una vez tuve covid-19, pero nunca he estado en cama”, afirma.

En medio de ese denso estado que es una mezcla de impacto, incredulidad, confusión y miedo, le pidió al médico que confirmara el diagnóstico. “¿Cáncer? Sí, me dijo. Pero ¿por qué? ¿por qué me da esto a mí? entreno todos los días, me alimento bien, soy deportista profesional… ¡¡¿Qué webá pasa?!!”.

El especialista respondió a sus preguntas. Le dijo que el cáncer testicular no tiene una causa identificada, no es como un cáncer pulmonar que sufre alguien que fue fumador. Las investigaciones no son concluyentes para explicar el origen de un cáncer de testículo. 

Chile, con respecto a la situación internacional, posee una de las incidencias más altas de cáncer testicular a nivel mundial y, según datos del Ministerio de Salud, la mayor tasa de incidencia y mortalidad se concentra en hombres desde los 20 a los 34 años de edad.

A nivel nacional más de 800 hombres son diagnosticados cada año con cáncer testicular y 100 personas al año mueren por la misma razón.

Otro dato a tener presente: la Región de Los Ríos tiene la mayor incidencia de esta enfermedad, con 15 nuevos casos anuales por cada 100 mil habitantes. De acuerdo a información del año 2023, se trata del doble de casos en relación a las demás regiones del país.

Pero ¿cómo fue que un disciplinado y exitoso deportista llegó a esta situación crítica? Como Coke explica, el peor momento de su vida llegó para quebrar de un golpe precisamente su mejor momento, alcanzado el año 2024.

“Venía de un muy buen año en el tema deportivo; goleador de la Liga Saesa; según yo, estaba en mi mejor momento. Fui a los Juegos Deportivos en Temuco que son eventos nacionales todo competidor adulto y salimos campeones por la Región de Los Ríos, entonces yo dije: este es mi mejor año individualmente”, detalla.

Con este favorable escenario llegó brillando el mes de diciembre; sin embargo, en paralelo, se dio cuenta de algunas molestias físicas. “En la parte interna del muslo sentía molestias cada cierto tiempo, y yo dije porque entreno todos los días, debe ser alguna pubialgia, que es dolor por una lesión en la ingle”. Fue un primer aviso, para Jorge nada que causara una preocupación mayor.

La tranquilidad respecto a su salud se agrietó cuando notó una inflamación en un testículo, atribuyéndolo a algún golpe al momento de jugar básquetbol, que es un deporte de contacto, así que Jorge dejó pasar ese segundo aviso. 

“Un día me volví a palpar y el testículo estaba duro…esto no es normal”. Fue el momento en que se encendió la alarma.

Coke se reconoce como alguien que no es de “hablar sus cosas”, es reservado, eso le complicó para contarle a alguien lo que le estaba ocurriendo. No sabía cómo expresarlo, aunque se decidió a hablar con un cercano, quien al oírlo le indicó: “Anda al médico ahora” y así lo hizo.

De allí en adelante los hechos se sucedieron en forma vertiginosa e intensa, una verdadera montaña rusa en su salud física y estados emocionales, entre consultas médicas, exámenes e incluso cirugía, como describe a partir del día en que recibió el diagnóstico.

“Eso fue un viernes, el sábado me mandan a hacer una ecografía de urgencia. El médico me dijo que era para que me diera cuenta que lo que me estaba diciendo era la confirmación y, para mi suerte, el médico que me hizo la ecografía era bien especializado en el tema de cáncer testicular, de hecho su hijo lo había tenido hace poco. Yo estaba mal, si hasta ir al hospital me causa muchos nervios. El doctor me dijo “cálmate”. Yo quería salir corriendo”, expresa retratando ese momento de angustia.

Ese médico ayudó a Coke a calmarse. Con la ecografía confirmó el diagnóstico y le explicó que de entre todos los tipos de cáncer, el testicular es el que tiene mejor pronóstico “pero todo depende del momento en que lo detectes”, le advirtió. El tumor era grande, pero aún faltaba realizar la biopsia para aclarar si la naturaleza de ese tumor era benigno o maligno, por lo que el siguiente paso era una cirugía.

“Eso fue un viernes y tuve una semana de transición entre el diagnóstico y la operación. No pensé que me iban a operar tan rápido”, dice, expresando que ese lapso de tiempo, aunque cronológicamente corto, fue tremendo para él ya que aún no asimilaba lo que estaba viviendo.

“El lunes siguiente estaba en pabellón. Me querían anestesiar de la cintura hacía abajo pero yo le tengo miedo a las agujas, les dije por favor duérmanme completo porque si no yo voy a arrancar, y todos se reían”, recuerda divertido, solo un momento de distensión dentro de esa dura etapa.

Jorge Guzmán. Créditos: Redes sociales.

“Cuando desperté el médico estaba al lado y lo único que le dije fue ¿cuándo puedo volver a entrenar? Vas a tener que esperar un tiempo”, le respondió el facultativo, ya que la operación fue profunda al intervenir la pared abdominal completa.

Así, Coke debió pasar dos meses con licencia médica, guardando reposo, una indicación que no pudo seguir. Acostumbrado a una férrea rutina de trabajo y deporte, a las tres semanas se levantó.

“Estar acostado era un suplicio, más que físico, mental. Piensas en muchas cosas, el cáncer te hace replantear tu vida completa. Fueron dos o tres semanas en las que yo pensaba ¿por qué me pasa esto a mí?¿por qué si me saco la cresta entrenando me pasa esto?”, recuerda de esa oscura y desesperante etapa.

“Al final dije ya, no saco nada de darle muchas vueltas y hay que lucharle a lo que te está pasando. Así como digo yo: Lúchele a la vida”, comparte.

Terapia para una pesadilla

Coke salió de la cama para recurrir a lo único que podía considerar como una terapia psicológica, agarró el balón de básquetbol y en la medida que la cicatriz de la cirugía se lo permitió, retomó su vínculo con el balón y la cesta. “Necesitaba hacerlo porque mi mente ya no daba más”, asegura.

A fines de enero le retiraron los corchetes de la operación y la inquietud deportiva lo llevó a transgredir una vez más las indicaciones médicas. “El viernes me sacan los corchetes y el sábado viajando a Castro” dice.

¿La razón del viaje? Un compromiso que había adquirido previo a toda la vorágine iniciada con el diagnóstico: un campeonato de básquetbol de verano. Desde Chiloé le pidieron que no asistiera dado su estado de salud. “Voy a ir, necesito ir”, respondió.

Todo su entorno trató de disuadirlo del viaje en el que se sometería a las exigencias de un partido de básquetbol, pero nadie pudo hacerle cambiar de opinión.

“Necesitaba arrancar un rato de lo que para mí era una pesadilla, lo peor que me ha pasado hasta el momento, así que me fui una semana a Castro, iba a jugar un ratito y terminé jugando todos los partidos”, revela.

Jorge Guzmán. Créditos: Redes sociales.

Coke reconoce que se arriesgó mucho, pero fue la desconexión que necesitaba en forma desesperada, hasta que en marzo pudo volver a su trabajo en el gimnasio All Training. Retomó el ejercicio con pesas y en abril recibió el llamado para su primer control médico. Eso marcó el inicio de otra etapa en este proceso.

“Llega un médico y me dice te vamos a hacer quimioterapia”. Con la biopsia realizada tras la cirugía, un comité médico determinó que lo viable era el inicio de un tratamiento de quimioterapia. 

“Igual fue chocante porque yo venía repuntando. Justo me habían llamado de Osorno para ir a jugar básquet y el día después me dicen que me tengo que hacer quimioterapia. Ahí me volvió todo el recuerdo del cáncer”, expresa.

El tratamiento significó dejar nuevamente su trabajo, ya que someterse a quimioterapia implica una importante afectación al sistema inmunológico, entonces el paciente no debe estar cerca de personas que, por ejemplo, tengan alguna enfermedad que lo pudieran contagiar y agravar su estado.

“Las primeras tres semanas fueron horribles, horribles. Yo que no quiero permanecer acostado comía y quedaba botado en la cama, una debilidad horrible”. Aparte, la oncóloga que supervisaba la quimioterapia le dijo que debía dejar de entrenar por un mes como mínimo, “imposible le dije yo”.

La oncóloga le respondió que ya sabía que él no iba a aceptar la condición. “Lo único que te pido es que si entrenas lo hagas solo, no vas a jugar básquetbol”, fue la nueva disposición médica, lo que Coke aceptó, aunque a la tercera semana no soportó la restricción.

Sin autorización médica se atrevió a jugar básquetbol competitivo por el equipo osornino, usando mascarilla, lo cual es tremendamente incómodo. Al siguiente control le confesó a la oncóloga lo que estaba haciendo, “obviamente me retó, pero ella sabía que iba a hacerlo”.

A un mes de iniciada la quimioterapia, Coke se sentía relativamente bien, pero pasado ese tiempo los síntomas recrudecieron, incluyendo dolores articulares y una fatiga que generó un estrés mental que lo llevó a abandonar, una vez más, la cancha de básquetbol. 

“Yo ya no conocía mi cuerpo, de un 100% pasé a un 30%. En ningún momento pensé que iba a querer dejar el básquet”, dice, describiendo el lamentable estado en que lo dejó el tratamiento. Aun así, esa pausa de dos semanas fue sanadora. Reconoció que le ayudó a superar un colapso físico. 

A la vez, volvieron las preguntas iniciales que se hizo al conocer su diagnóstico. No quería nada, su único escape era ver animé acostado, aunque rápido se obligó a retomar una rutina practicando básquetbol en solitario, ya que las divagaciones oscuras lo llevaban a pensar que nunca iba a volver a su deporte amado.

“Si no hay salud no hay nada”

La quimioterapia es el uso de medicamentos llamados citostáticos para tratar el cáncer, generalmente administrados al paciente mediante goteo intravenoso a fin de impedir la reproducción de las células tumorales. La frecuencia y duración de este tratamiento dependerá de varios factores. 

En el caso de nuestro entrevistado, recibió quimioterapia adyuvante, que se administró tras la cirugía para eliminar cualquier célula cancerosa que haya quedado en el cuerpo y así reducir el riesgo de que el cáncer regrese o se propague.

Al iniciar el tratamiento en el hospital, Coke compartía una sala con personas que sufrían diferentes tipos de cáncer en distintas etapas. Cáncer de hígado, páncreas, mamas, ocho personas en una sala a quienes administraban potentes fármacos.

“A mí, dentro de todos los químicos que me pusieron eran los más suaves, había gente a quienes les ponían tres bolsas”, describe.

Los citostáticos suelen atacar no sólo a las células cancerosas, también a células sanas, por ello hay efectos en el corto plazo, como náuseas, vómitos, caída de cabello o anemia, lo que conlleva cansancio y agotamiento.

Estos efectos secundarios también dependen de, por ejemplo, el esquema de tratamiento y los medicamentos específicos que se utilicen, o que hay personas que toleran mejor el tratamiento que otras. 

Esos efectos Coke los vivió y los vio en otros pacientes, pero también fue testigo de cómo la enfermedad genera profundos efectos sociales en las personas que la sufren, palpando la dimensión humana de cada paciente en toda su vulnerabilidad.

“No me voy a olvidar de una señora, adulta mayor, que venía de La Unión, sola, de un sector rural. Tomaba un bus para ir a La Unión, de ahí otro para llegar a Valdivia a hacerse la quimio y sola”, relata.

“Yo tengo auto y quise ir a dejar a esa persona a La Unión y no me dejaron porque los efectos de la quimioterapia, como cada organismo reacciona distinto, me dijeron te puedes sentir mal en el camino. Ese momento fue chocante”, menciona.

Publicación en las redes sociales de Jorge Guzmán. Créditos: Redes sociales.

“Me di cuenta que yo estaba mal pero no tan mal, hay gente que lucha el doble o el triple y no sabe si va a sobrevivir. Me tocó un día al lado de una señora que llegó llorando y yo dije ¿qué hago?”. 

Lo único que Coke pudo ofrecer fue un chocolate que llevaba consigo, “se lo di a ella y empezamos a conversar”.  

“La señora hacía poco le habían diagnosticado cáncer mamario. Le habían extirpado las dos mamas, era su primera quimio… dentro de todo lo malo, hace que te unas con personas que están pasando algo similar e inconscientemente la gente se abre, habla de lo que está pasando y eso mismo te va ayudando”, indica.

El deportista que hace poco luchaba en las canchas para ser mejor y que ahora luchaba por recuperar su salud, experimentó una reconfiguración al conocer y empatizar con otros pacientes. Salir del ensimismamiento para comprender otras realidades cuando se enfrenta un cáncer, dio inicio a un proceso de reflexión sobre las prioridades y el sentido de la vida. 

“Uno ahí se da cuenta que si no hay salud no hay nada. A mi no me importaba la plata ni nada, a pesar que tuve momentos económicos malos no me importaba, lo único que quería era estar sano, no te interesa nada más”, descubrió.

“Las cosas sencillas son las que realmente valen, porque si no tienes salud no tienes nada. Puedes tener un montón de plata, pero si estás enfermo no te sirve, ni los tratamientos a veces sirven por mucha plata que tengas, es chocante", complementa.

“Entrenar la mente es más complicado que entrenar el cuerpo”

Desde enero a mayo de 2025 fueron meses muy duros, en los que Coke dice haberse sentido perdido, en un hoyo del que pensó que no saldría. 

“Al final no luchas contra tu enfermedad, luchas contra ti, contra tu propia mente y es una lucha solitaria”, asegura.

Él lo sabe porque al momento de recibir el diagnóstico de su enfermedad intentó, erróneamente, ignorar sus emociones, más que nada una negación a la realidad y caer en un viejo prejuicio masculino.

”Tuve esa etapa de decir ¡no, si todo va a estar bien! Pero es necesario darse el tiempo de sentirse mal, de sentirse bien y demostrar eso, porque cuando uno es hombre dice; los hombres no lloran”, comparte sobre esa desactualizada premisa machista.

Pero lloró y rompió con el prejuicio, hoy no le avergüenza contarlo porque entiende que es un ser humano que se vio invadido por emociones extremas ante la posibilidad de la muerte: “Lloré cuando me diagnosticaron. Venía de un momento deportivo muy bueno y de repente, estaba como perdido. Piensas muchas cosas, escuchar la palabra cáncer lo asocias a la muerte”.

“Es horrible, de verdad no se lo doy a nadie, pero a pesar de todo lo estoy contando. Hay gente que no la cuenta”, reflexiona.

Y es la reflexión en base a la experiencia lo que hoy lo lleva a concluir que es necesario darse el tiempo de vivir el proceso completo, sin dejar sentimientos y emociones de lado solo por ser negativos.

“No puedes ser optimista todo el tiempo porque no te vas a sentir siempre así. Aprendí a darme el tiempo de sentirme mal, a veces iba a lanzar (el balón de básquetbol) y minutos después decía no puedo. Otros días me obligaba y luego decía no, si no puedes tienes que hacerte caso, darte el tiempo de sentirte mal, pero después te vas a sentir mucho mejor, la tormenta siempre pasa”, señala.

Vivir todas las emociones que llegan durante un proceso es fundamental, insiste Coke, y eso significa adoptar otro enfoque en la vida, un verdadero reinicio, porque “entrenar la mente es más complicado que entrenar el cuerpo”.

Sobreviviente

En el caso de Jorge Guzmán, el cáncer testicular es una patología con buen pronóstico, la sobrevida en Chile es alta, siendo de un 99% para cáncer localizado y 73% en presencia de metástasis a distancia, además, este tipo de cáncer figura dentro de las Garantías Explícitas en Salud (GES) desde los 15 años, por lo que el tratamiento está asegurado.

Jorge “Coke” Guzmán recibió el alta habiendo superado el cáncer, ahora se encuentra en un período de dos a cinco años con probabilidad de que la enfermedad vuelva, por lo que debe monitorear su salud. Hoy es un sobreviviente del cáncer.

Consultado acerca de si considera que ya salió de esa dura y a veces horrible experiencia, Coke lo piensa un momento antes de responder.

“Si me preguntas si salí por completo, yo creo que no, porque es algo que da vuelta todo, pero yo creo que me empecé a sentir mejor mentalmente cuando mi cuerpo se empezó a sentir mejor. Todo va a la raíz deportiva en el básquetbol, porque hubo un momento en el que decía “puta por qué no me puedo mover, no puedo correr” y cuando mi cuerpo andaba mejor, volví a jugar mejor… la mente se fue soltando”, responde.

La situación todavía no está superada, “son meses que te toma y es complicado todavía”, dice, pero se queda con los grandes aprendizajes que este año le ha dejado: “Me ha enseñado a soltar cosas, más relajado, pensar que si tienes salud estas bien, el resto para mi ahora son detalles”.

Además, ahora ha replanteado su lugar en la sociedad, quiere generar acciones en favor de las personas, aunque lo ha hecho desde hace tiempo, ahora le da un valor mucho mas profundo.

“Después del alta se te abre el mundo o la mente, la vida te dice o enseña a ayudar a más a gente, siempre he estado ayudando a niños o gente que se apasiona con algo, en el caso del deporte ayudo a niños a mejorar cuando entreno yo. Es importante tener un rol social como persona y ser humano”, declara. 

Coke tiene una frase con la que quienes lo conocen lo identifican: “Lúchele a la vida”, acuñada y usada por él desde mucho antes de la dura experiencia del cáncer. 

“Eso siempre lo digo en el gimnasio a la gente cuando está cansada, ahora es mi frase, me tocó lucharle a la vida en todos los aspectos, físicos y psicológicos, una frase que mucho le decía yo a la gente al final tuve que terminar diciéndome, y me ayudó harto”, revela.

Siempre dicha medio en broma, medio en serio, con la abrupta irrupción del cáncer la frase terminó marcando la dirección de hacia dónde el deportista convertido en paciente debía empujar.

“Es algo que me marcó todo este tiempo y me va a marcar toda la vida, un episodio oscuro no lo niego, y demasiado oscuro, pero aquí estoy, luchándole a la vida”, concluye.

Mensaje final

Por último, Coke Guzmán dirige un mensaje a sus congéneres hombres cuando sientan que algo no está bien en sus cuerpos, en especial cuando significa un tema íntimo, como una anormalidad detectada en un testículo.

“Si en algún momento sienten algo raro con su cuerpo, que no te de vergüenza.  Busquen a alguien de su confianza. No es necesario decirle a todos sino a alguien de confianza para sentirse apoyado e ir al médico, a veces por ser terco algo puede pasar a mayores, como me pasó a mí”, expresa.

El tema no es menor, considerando que entre el 70 y el 80% de los hombres con cáncer testicular no tienen síntomas, como lo señala el Dr. Luis Ebel, urólogo y director de la Sociedad Chilena de Urología (SCHU).

“Por eso, el autoexamen testicular es fundamental para identificar cualquier alteración y consultar a tiempo”, señala el especialista.

En tal sentido, se aconseja consultar a un médico si se detecta alguno de los siguientes síntomas: presencia de bultos o hinchazón en cualquiera de los testículos, sensación de pesadez en el escroto, dolor sordo en la parte baja del abdomen o ingle, agrandamiento o sensibilidad del tejido mamario y, en algunos casos, dolor de espalda.  Recibe nuestras noticias en: WhatsApp | Instagram | Newsletter.

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